Olor a tierra húmeda: Irse, para volver

Así me dirigía al avión que me traería de vuelta a mi pequeño paraíso y es que es cierto cuando dicen “una de cal y otra de arena”, en esta escapada fugaz (que debo de agradecer eternamente a mi querida compañera en este viaje de la vida, no dudó ni tan siquiera un segundo en decirme que me fuera y quedarse ella aquí lidiando con todo durante unos dos largos días) viví lo que podría definirse como una auténtica montaña rusa de emociones, reencuentros con personas que fueron mas que amigos, fueron y son parte de mi familia, parte de mi, parte de algo que supuso la base y los cimientos de lo que ahora, con los años, con los bastantes años, me he convertido, porque mentiría si no admito que así es, no recuerdo cuando fue el primer día que pisé el suelo de esa tierra, una tierra que te embriaga con su aroma fresco y vivo, solo detectable cuando la has sentido dentro de ti, cuando has formado parte de ella y ya jamás podrás romper esa conexión. Como decía, no recuerdo cuando fue la primera vez que puse mis pies en tierras gallegas, me consta que muy probablemente fuera uno de los sitios donde di mis primeros pasos y desde entonces la conexión ha sido y es constante, estés donde estés, cuando llueve te recuerda a esas largas tardes bajo la higuera disfrutando de la Poalla y del olor que emana la tierra al humedecerse, aquí, en Cartagena, generalmente en primavera y otoño, el tiempo es fresco y en ocasiones cierro los ojos y me tele-transportó a aquellas tierras, alguna vez viene el viento del norte y el ambiente huele a Galicia, pero solo alguna vez.

Este viaje ha sido una montaña rusa de emociones constante por diferentes circunstancias, pero dicha montaña me ha enseñado mucho, me ha abierto los ojos a una realidad irrefutable, vivimos inmersos en una rutina autoimpuesta que no nos permite mirar mas allá, nos tiene apagados, desconectados e inertes, esperando un algo, un después, un ahora que no sabemos cuando llegará pero creemos tener la certeza de que así será, pero no, ese momento es ahora.

Durante mi “visita del médico” tuve la ocasión de quedar con dos grandísimas personas que, con tan solo un abrazo, revolucionaron mis sistemas de tal manera que por fracciones de segundo estuve allí, pero allí no como adverbio de lugar, si no de tiempo, estuve allí tirado en la finca, en el parque, bajo el naranjo, en el monte, el colegio, en la higuera, escuché canciones de fiesta susurrando en el aire, pude oler el aroma del eucalipto, de la hierba mojada, del agua fría del mar en el muelle justo antes de zambullirme… abrazamos poco, deberíamos de abrazar mas, es la manera mas fácil y rápida de saber lo que sientes por alguien y lo que representa para ti o ha representado para ti en tu vida, con sendas personas me sentí como si nos hubiéramos visto hace unos días y no hace veinte años, nuestras conversaciones fueron fluidas, naturales sin mas, con risas y alguna lágrima se escapó, entonces me di cuenta de una cosa, cuando te has criado con alguien, cuando has querido a alguien, mas allá de querer como amigo o pareja, querer como algo que forma parte de ti, ese alguien tiene la clave de tu ser, sabe quien eres debajo de toda posible careta que la vida te haya colocado y eso es algo que dura para toda la vida, siempre y cuando esa conexión inicial fuera sincera en su momento y en este caso lo fue. Ellos, nosotros y faltan muchos del grupo que eramos, nos conocimos verano tras verano, esos veranos que parecían no tener fin, nos criamos juntos, así sin mas, nos criamos juntos.

Veranos, en los que no solo eran ellos, también me crié con esa parte de mi familia que, a pesar de la distancia, los quiero como si los tuviera aquí día tras día, hora tras hora, he llorado con ellos, he reído con ellos, hemos luchado juntos y superado momentos duros, muy duros y así lo hemos hecho, lo hacemos ahora y lo seguiremos haciendo siempre, nos toca vivir momentos difíciles, pero no vamos a dejar de luchar ahora, ni retirada ni rendición.

Decía que el momento es ahora, pero no me malinterpretéis, no estoy diciendo que tiremos la casa por la ventana y quememos la vida, solo digo que la quememos con conocimiento, siendo conscientes de cada movimiento, de cada instante, mueve tus fichas para intentar tener controlado tu tablero de ajedrez en la intención de disfrutar de tu vida con cada movimiento pero que el jaque mate sea tuyo y no de otro, creo que hay un término medio, debería de existir ese término medio para vivir y planificar un futuro, ha de ser así, de lo contrario posiblemente sea tarde cuando abramos los ojos y queramos empezar a disfrutar de nuestra jubilación.

La vida me ha hecho muchos, muchos regalos, pero también me ha dado muchas hostias, hostias como si el mismísimo Atlas te soltara un guantazo en toda la cara, pero también me ha dado momentos inolvidables, ese conjunto de cosas y circunstancias te forman como persona, nunca puedes recurrir al “y si hubiera hecho esto o lo otro…” no, has vivido y sufrido lo que te ha tocado y te ha llevado hasta lo que eres, si quieres pensar en un “y si…” que sea ahora y con vista al futuro.

Como me comentaba en facebook una persona sabía a la que conozco y con la que me gustaría quedar mas a menudo “Irse, para volver” que gran verdad.

Os dejo una poesía que leí hace algún tiempo y pasó por mi vida sin pena ni gloría, ahora con la madurez (si es que la hay) de los años, la leo de diferente manera:

 

13. No culpes a nadie

Nunca te quejes de nadie, ni de nada,

porque fundamentalmente tú has hecho

lo que querías en tu vida.

Acepta la dificultad de edificarte a ti

mismo y el valor de empezar corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de

las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,

enfréntala con valor y acéptala.

De una manera u otra es el resultado de

tus actos y prueba que tu siempre

has de ganar..

No te amargues de tu propio fracaso ni

se lo cargues a otro, acéptate ahora o

seguirás justificándote como un niño.

Recuerda que cualquier momento es

bueno para comenzar y que ninguno es

tan terrible para claudicar.

No olvides que la causa de tu presente

es tu pasado así como la causa de tu

futuro será tu presente.

Aprende de los audaces, de los fuertes,

de quien no acepta situaciones,

de quien vivirá a pesar de todo,

piensa menos en tus problemas

y más en tu trabajo y tus problemas

sin eliminarlos morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser

más grande que el más grande de los obstáculos,

mírate en el espejo de ti mismo

y serás libre y fuerte y dejarás de ser un

títere de las circunstancias porque tú

mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas

y respira la luz del amanecer.

Tú eres parte de la fuerza de tu vida,

ahora despiértate, lucha, camina,

decídete y triunfarás en la vida;

nunca pienses en la suerte,

porque la suerte es:

el pretexto de los fracasados…

——————-Pablo Neruda.

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