Dragon Challenge 2016

A veces, las carreras, en concreto de montaña, dejan de ser una simple prueba, abandonan su condición de competición y pasan a convertirse en una alegoría de la vida y esto es lo que viví en la Dragon Challenge.

Las siete de la mañana, mas o menos, era la hora a la que partíamos camino de Alhama de Murcia, los nervios estaban en el aire, como debe de ser ya que, como dice mi gran amigo Peri, dejaré de correr cuando deje de ponerme nervioso. Una vez en el lugar y recogidos los dorsales, nos hemos equipado con los artefactos de combate y listos a buscar posición en la línea de salida.

Una vez allí, pudimos ver la poca afluencia de gente, seríamos unos cien, ciento veinte como mucho, eso puede ser tanto positivo como negativo, si estás entre los fuertes, es positivo, el problema es que la diferencia entre unos y otros es mucho mayor, con lo cual se pronosticaban treinta y un kilómetros en soledad y así fue.

Pistoletazo de salida y salen como alma en pena, los primeros kilómetros eran llanos y sobre asfalto, así que imaginaros el ritmo del señor Agüera y compañía, aproximadamente a cuatro minutos el kilómetro, pronto (a los doscientos metros) me percaté de que ese no era mi grupo, me dejé caer y decidí hacer caso al mister, me dijo que intentara buscar un ritmo para poder rodar treinta kilómetros sin problemas, así que poco a poco reduje el ritmo, los compañeros de batalla iban pasando uno a uno, ahí ya empecé a notar que algo no iba del todo bien, no llevaba un ritmo excesivamente fuerte.

Aproximadamente en el kilómetro cuatro me pasa Alfonso, compañero de club, curro y ya mas de una y de dos batallas, lo vi muy fino, le animé e intenté seguir a su ritmo pero, llegó el momento de la verdad, primera cuesta de tierra, primer desnivel y primeros síntomas de lo que estaba por llegar.

Las piernas no arrancaban, las pulsaciones no bajaban, la sensación de asfixia no cesaba, algo no iba bien, el kilómetro cinco decido parar y comenzar a andar, prosigo andando un kilómetro, mil metros que se hicieron eternos, no por que la gente me adelantara, hay momentos en los que eso ya da igual, la duda que asaltaba mi cabeza era “veintiséis kilómetros por delante”.

Nunca he abandonado una carrera, no quiere decir con ello que piense que eso es un estigma ni nada parecido, todo lo contrario, considero que retirarse a tiempo es algo altamente inteligente, de hecho, los buenos, si consideran que no tienen un buen día, saben sopesar si terminar la prueba puede ser positivo o contraproducente por mil factores, entre ellos la posible lesión. Pues bien, nunca me he retirado, he estado a punto muchas veces pero al final siempre he sabido recomponerme, levantar cabeza e incluso remontar puestos, pero esta vez la balanza se inclinaba mucho hacia el abandono.

Los kilómetros no pasaban, lo único que pasaban eran los minutos, llegó un momento en el que noté que volvía a respirar con tranquilidad y mis pulsaciones habían vuelto a la normalidad, rondaría el kilómetro siete u ocho y entonces decidí trotar.

Así se sucedieron los siguientes diez kilómetros, una lucha continua entre trotar y andar, suerte que en los avituallamientos había sandía fresca, que aunque no me sentaba del todo bien al estómago pero su frescura me hacía renacer un poco y entonces sin darnos cuenta, mi pájara y yo llegamos al kilómetro dieciséis, si así, sin darnos cuenta.

Fue un momento muy duro, era el lugar en el que te indicaban el camino a seguir si estabas en la prueba de treinta y uno el de camino a meta si ibas disputando la de diecisiete, lo que conllevaba un la elección fácil, la retirada estaba ahí a las puertas, era sencillo, un kilómetro mas y coca cola fresquita, sandía por doquier y a descansar, me lo había ganado, no tenía que demostrar nada iba a hacerlo pero…

Pero no, algo dentro de mi maquinaria estropeada, averiada y defectuosa había decidido que no, durante los diez minutos posteriores a ese instante pude vivir lo que creo que se denomina en el mundo literario como un aparte, una conversación conmigo mismo, que hago ahora? no puedo correr? estoy reventado? Empecé a mirar atrás para ver si venía alguno de mis titanes Miguel o Larios, sabía que si me alcanzaban me darían fuerzas y motivación para seguir, pero no venían, fueron mas listos que yo y supieron correr muy inteligentemente, la discusión acabó en “macho, a lo hecho pecho, ahora terminas como puedas”

En el kilómetro veinte, ni uno mas ni uno menos, me autoconvencí de que era un tema de cabeza, así que me obligué a llevar un buen ritmo de carrera, me mantuve unos cinco kilómetros a muy buen ritmo, dado mi estado, remonté algunos puestos y lo que era mejor, los kilómetros iban cayendo, pero llegamos a la última subida, una senda que nos llevaba al morrón, dura no, durísima, eramos todos cadáveres los que transitábamos por allí en ese momento, pero ya veíamos la estación Eva 13, rondaríamos los 1300-1400 metros de altura y llegamos al último apretón.

Ya se atisbaba el final, solo eran unos pocos kilómetros de asfalto, muy duros por la inclinación y a esas alturas de carrera pero vino la sorpresa, justo cuando no podía mas, cuando mi cuerpo me pedía sentarme y descansar cinco o diez minutos, eché la vista atrás y vi al titán, que grande, trotando a un ritmo lento pero seguro llegaba el gran Miguel, cundo llegó a mi altura me pregunta ¿cuanto tiempo has hecho? mi respuesta fue contundente pero efectiva -Todavía no he llegado-

La cara de Miguel lo dijo todo, fue entonces cuando me miró a la cara y se dio cuenta que o tiraba de mi o allí me quedaba, comenzó a trotar y vio que no le podía seguir y lejos de seguir su carrera se portó como un hermano de batallas y me esperó, me animó, dijo unas palabras que me las guardaré para mi y grabaré a fuego en mi mente, solo decir que mi estado anímico, la situación de carrera, las vistas, todo ese conjunto de cosas hicieron que la entrada a meta fuera de las mejores que he realizado en mi vida y mira que la de Ronda fue memorable.

A escaso metros de meta le dije que pasara delante y el tío paquete se quería esperar pero no, al cesar lo que es del cesar, había hecho mejor carrera, había hecho mejor tiempo y se ganó su plaza y su gloria así que le dije -tira tío cabrón- y como debe de ser tuvo su foto alcanzando la gloría de la meta.

Poco después entré yo, el subidón me hizo olvidar por momentos el agotamiento pudiendo así aplaudir a mi compañero y rescatador.

Como sería el estado en el que llegamos que no paré el crono hasta que me di cuenta de que miré la hora cuando estaba recibiendo una descarga en los servicios de fisioterapia, que maravilla.

Ya algo mas recuperados y con un par de vasos de coca cola fresquita y dos o tres kilos de sandía en el estómago, continuamos esperando al cuarto titán, el señor Javier Larios, quien hace nada se clavó en las piernas la Ultra de los Picos de Europa, con lo que aquí venía a rodar muy muy suave y así fue. Cuando ya nos dijeron que nos teníamos que bajar en el autobús, una vez sentados lo vimos llegar y, como no podía ser de otra manera, le dijimos al conductor que nos dejara bajar, que acabada llegar nuestro compañero y queríamos bajar con el, así fue.

El tío entró sin inmutarse, hizo una carrera a su ritmo y disfrutando, tal vez demasiado suave, según sus palabras, pero en definitiva hizo su carrera como un titán que es.

Y esto fue todo, una gran carrera que como os he dicho al inicio del post, para mi fue una clara y total alegoría de la vida, hay veces que la vida te da una hostia como un piano de cola, te tumba y te destroza y en ese momento solo tienes dos opciones, rendirte y caer en el mas oscuro de los agujeros o seguir corriendo, aunque solo sea andando, pero seguir, levantar cabeza y lucha contra las inclemencias de la vida, de una carrera te puedes retirar pero de la vida nunca, nunca te retires.

Sobre la carrera solo decir que la sandía estaba exquisita y que a mi parecer lo único que falla es el tema del transporte de vuelta a la salida, pero por lo demás me gustó mucho, es rápida, poca senda, mucha pista, lo que te permite disfrutar de las vistas que Sierra Espuña te regala.

Poco mas que decir, que enhorabuena al tiempazo de Alfonso,  3:14:07 horas, brutal y a mis compañeros de guerra, ya lo saben pero se lo vuelvo a repetir, sois unos verdaderos titanes, mi mas sincera admiración por y para siempre.

Un saludo!

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